15 julio 2007


La dialéctica histórica tiene un no sé qué de apasionante. No queda más remedio. Macri y su troupe de políticos apolíticos nos pusieron entre la espada y la pared, hay que admitirlo. A partir de ahora, con una derecha en uso de todas sus facultades, los que no somos de derecha bien haríamos en hablar de ideología todo lo que sea necesario. No vamos a comprar, nosotros, el buzón de la gestión inocente. Habrá que hablar claramente, con huevos, con franqueza, acerca de qué creemos que es verdad, y qué es mentira./ Habrá que hacerlo para recuperar del lenguaje que usamos una palabra que ahora está manchada con mugre propia y ajena. Si en lugar de tratar de decir las cosas clara y profundamente nos mandamos mensajes de texto, ellos ganan. Deberíamos hacer un esfuerzo para rehacernos de esa palabra, ideología, porque ella explica conductas, abre puertas mentales, traza ejes de acción, prioriza lo urgente y posterga lo accesorio. Y porque la ideología que al menos tengo yo, postula que la ideología es la herramienta más apropiada para organizar nuestra mente ante el mundo y los otros. Prefiero la ideología que el interés. (Sandra Russo)

2 comentarios:

Jorge Aulicino dijo...

La ideología debería llevar el cartel "manipular con cuidado", pues fue inventada por la izquierda, que se inspiró en Marx, quien indicó la existencia de la ideología para repudiarla, porque aspiraba a la verdad. La ideología es para la izquierda lo que la teología es para la Iglesia. Un término peligroso. Marx no quería versiones ideológicas. La Iglesia no quiere versiones teológicas. Científica, como Marx la quería, o canónica, como la Iglesia la quiere, la verdad debe ser una y única. Digo esto para mocionar que sí, volvamos a la ideología.

DF dijo...

Manipular con cuidado, sí, sí. Con muchísimo cuidado, y sin inocencia, hasta donde eso sea posible. Quizá discrepe, Jorge, con tu enfoque sobre el rechazo de Marx a la ideología (resumiendo: para Marx la ideología, en tanto "falsa conciencia", reduce, simplifica), pero muy de acuerdo con lo del cuidado, porque, como muchos otros términos, "ideología" sirve para muchas cosas muy distintas. Una cosa, por ejemplo, es la ideología como estructura o sistema preexistente a la que hay que adecuar el pensamiento para "obrar y pensar bien", y otra es la ideología como tendencia ínsita en el pensamiento, los actos y hasta los sentimientos. Como dirección, como intencionalidad, toma de posición íntima ante el juego de intereses que se da en el mundo, que, aunque no lo sepamos, nunca nos resulta indiferente. En todo caso, entre lo peor (y en esto coincido con Sandra Russo) está el presentar como "no ideológico" o "anti-ideológico" lo que es ideológico (y esa ya es una ideología, terrible, por lo que implica de negación, en el sentido psicológico de la palabra). Aprovecho para dejar sentado que, aunque me gusta, creo que también la afirmación final, "prefiero la ideología (antes) que el interés" debe ser manipulada con un cuidado extremo. Porque en ciertos casos el interés es mucho más productivo, "humano" y sabio que la ideología. Es respondiendo a su propio interés, más que a una ideología abstracta (por suerte) que muchos trabajadores en este país produjeron el fenómeno de las fábricas recuperadas, o el de los movimientos de desocupados que aprendieron a reencontrarse con la propia dignidad, a diferencia de los que fueron (o son) manipulados por las sectas de izquierda.