31 diciembre 2006


No, no, memoria del pasado día/ vengas sobre este sol y césped santo./ No vuelva yo a invocar refugio tanto/ de lo que así se crece en despedida.// Quédeme tu intemperie y mi porfía/ de caer, de volver de nuevo a alzarme,/ no la raída pasamanería/ que alza mi polvo y que tu luz deshace.// No me hartes de mí que hartazgo tanto/ no soporta mi poca luz vencida./ Mas mi ayer fue tu hoy: no halle quebranto.// Volver a lo pasado no es mi ruego.../ ¿Pero y aquel aroma de la vida?/ Retenga su promesa, no su fuego. (Fina García Marruz)

30 diciembre 2006


Todo termina, todo empieza,/ cae la tarde sobre todo,/ todo se aleja entre las luces,/ que uno no puso, que ahí están./ Correspondencias irresueltas,/ torvo murmullo atrás del ser;/ frescos racimos de la carne,/ fúnebres ramos al final/ y un gran silencio, un gran silencio,/ al que no aprendo aún a entrar,/ ese callarse de las cosas/ que al fin y al cabo no son yo/ (raro callarse el de las cosas/ que al fin y al cabo no son yo). (En la resaca)

29 diciembre 2006


Me han hablado del poeta/ que se arroja ácido a la cara durante los recitales/ y escribe en el cielo preprogramado de California/ con humo de aeroplanos// y me impresiona la calidad de esta ética laboral/ tan a la altura/ de nuestros tiempos de paleocapitalismo posmoderno:// todo por la patria/ por el patrón/ por el poder/ por la poesía...// pero me temo/ que ni siquiera con tanto sacrificio/ consigue durar más de diez segundos en los telediarios.// Prefiero/ otra estrategia lateral, contraria:/ escribir en la arena/ y hablar en voz muy baja/ para que tú me oigas.// Borrar las huellas.(Jorge Riechmann)

27 diciembre 2006


Julio (II). Igual que pétalos que la corriente arrastra, el siglo,/ como los ríos que dan a la mar, me aparta/ de lo que fui y seré./ Hacia su fin, el tiempo, en /cubículos iluminados, pasa. Rostros también,// igual que pétalos en la corriente, o almas/ rumbo a la mar, que es el morir. (En la resaca)

26 diciembre 2006


‘Lectric Chair Blues, por Blind Lemon Jefferson (gracias, Horacio), Blind Lemon Jefferson por Nick Cave.

22 diciembre 2006


Si el niño llora y rebasa la paciencia de su madre conviene que el padre partícipe de la escena sople con fuerza el cuello de una botella de vino. El sonido de los barcos que se alejan se lleva toda crispación.// La música nos salva del miedo. (Alberto Muñoz)

21 diciembre 2006


Ahora, por el contrario, vivimos en una sociedad permisiva en la cual no hay ninguna interdicción. ¿En nombre de qué prohibir? Los límites actuales son los límites del orden público, no del orden privado. En nombre del bienestar público se prohíbe fumar, por ejemplo. En este contexto, la idea del padre como sostén de la ley se transforma. Para Lacan, el padre como portador de la interdicción es el nombre del límite de lo que se puede nombrar dentro de la experiencia pulsional de la sexualidad. Como dice Lacan, citando a San Pablo: “Sin la ley, no hubiera conocido el pecado”. El padre, entonces, es el portador del puro poder de la nominación. El representante de la interdicción, que es un hecho de lengua, designa para Lacan la función paternal. Esta puede ser transmitida a otros dispositivos discursivos; por ejemplo, al discurso curativo y educativo. En este sentido, lo universal, aquello que pertenece a todas las formaciones sociales humanas, es que hay goces prohibidos, hay prohibiciones que hacen un límite. El lema “gozar sin prohibición”, difundido por los fanáticos de la liberación de fines de los 60, no es sino la muerte. Para que exista un lazo social, no se debe dejar a un sujeto morir de su adicción al goce, se necesitan prohibiciones, y eso es parte de la función paternal. (Eric Laurent)

20 diciembre 2006


Me asombro: tengo miedo a la muerte, un miedo cobarde y pueril. Me gusta vivir sólo a condición de arder (necesitaría todo salvo querer durar). Por muy extraño que sea, la poca obstinación que tengo por durar me priva de la fuerza para reaccionar: vivo ahogado por la angustia y tengo miedo a la muerte, precisamente por falta de amor a la vida. (Bataille)

19 diciembre 2006


“Despasión”. Exactísimo término acuñado por Gelman para definir un rasgo decisivo, y naturalizado, de cierto pensamiento dominante (que, de todos modos, hace negocio con el manejo de unas cuantas pasiones, de las que dice estar alejado o en las que no quiere reconocer lo que tienen de pasional). No es que per se las pasiones sean recomendables, que no existan muy buenos motivos para preferir no embarcarse en algunos apasionamientos ni, menos que menos, que sea bueno renunciar a la reflexión, el extrañamiento, la relativización y el no apego. Sí, en cambio, advertir la operación mediante la cual, ante cualquier cercanía con una pasión, se prende en rojo -y no sin una risita despectiva- el cartelito de “out”, “tabú”, “verbotten”, para en su lugar rendir culto a la impermeable suficiencia de los gerentes, los técnicos, los administradores y los gourmets.

18 diciembre 2006


“La figura de Cristo debería tener la misma violencia de una resistencia: algo que contradiga radicalmente la forma en que se está configurando la vida del hombre moderno, su gris orgía de cinismo, ironía, brutalidad práctica, compromiso, conformismo, glorificación de la propia identidad en relación con la masa, odio hacia toda diversidad, rencor teológico sin religión”. (Pasolini, a propósito de Il Vangelo secondo Matteo)

17 diciembre 2006


No preguntes, Leucónoe (pues saberlo no es lícito),/ qué fin a vos o a mí nos han dado los dioses,/ ni intentes consultar cálculos babilonios./ ¡Cuánto mejor será soportar lo que venga!/ Ya Júpiter te otorgue numerosos inviernos/ o solamente el último, que ahora debilita/ al mar Tirreno contra las rocas de la costa,/ sé prudente, los vinos filtrá, y porque es breve/ el plazo no te hagas esperanzas muy largas./ Huirá, mientras hablamos, envidiosa, la vida:/ cortá la flor del día sin creer en el mañana. (Quinto Horacio Flaco, por Zaidenwerg)

16 diciembre 2006


Septiembre (XX)/ Si mirás al costado/ de la gran corriente, a/ dos o tres metros/ de lo que, hacia adelan-/ te, avanza, la ves:/ la rama del fresno en la lluvia. (En la resaca)

15 diciembre 2006


Septiembre (XIX). Esto que, por decirlo así, llamamos/ “mundo”, este intercambio/ de posiciones, de velocidades,/ con algún fin. ¿Y en caso de que no ande/ bien el motor? ¿Si a esa velocidad/ no funcionás? ¿Si te quedás quieto?/ Te chocan, te abollan, te/ dejan a un costado, te aplastan. (En la resaca)

14 diciembre 2006


Percibir o intuir aquello que hay de necesario en lo fortuito o en lo casual. La razón a la que esa casualidad responde. ¿No sería eso la experiencia poética (al menos unos cuantos, durante un tiempo, sostuvimos una creencia que iba en esa dirección, inspirada seguramente, a menudo sin saberlo, en la idea de “correspondencias” de Baudelaire) o uno de los modos en que eso que llamábamos "experiencia poética" puede darse? ¿No sería esa intuición, esa “presencia” irresoluble de una necesariedad o una razón en lo fortuito lo que hace que nos detengamos especialmente, como ante un misterio, en ciertas imágenes o ciertos encuentros de palabras (no sólo en poemas, también en el cine de Tarkovski o en el de Kitano, o en los modos en que suspende o introduce notas Monk)? ¿Y tendrá algo que ver eso con la extrañeza pavesiana que hace emerger lo desconocido en lo conocido o muy conocido? A primera vista son lo opuesto, pero quién sabe si no se trata de dos ángulos desde donde ver lo mismo. En uno y otro caso me parece encontrar alguna vinculación con el hecho de que, al fin y al cabo, la poesía es una supervivencia de un modo "primitivo" de relación entre la subjetividad y el universo, que en los antiguos se daba, por ejemplo, a traves del mito. Bueno, convengamos que la poesía no: alguna poesía. Ni siquiera la mejor poesía, necesariamente: la que más me importa.


13 diciembre 2006


Claro de luna por Gelber. Estambul de Pamuk. Viejas y prodigiosas grabaciones de Marlene Dietrich.


No cedas a la tentación, pará y pensá un poco. Provocan, chumban, y, en el momento en que actuás, creyendo que vas a contribuir a que haya un poco más de justicia o un poco menos de impostura, mordiste el anzuelo: entraste a formar parte de la promoción.

12 diciembre 2006


Septiembre (XVIII). Esto que ves aquí rugiendo es/ la época, en marcha:/ modos de transportar, de abrirse paso,/ de ensordecer, de aislar,/ de hacer de lo mucho y/ diverso, una masa,/ unida a la fuerza, hostil/ cada parte con la otra, y/ toda en la misma dirección,/ tumba y chatarra. (En la resaca)

11 diciembre 2006


Septiembre (XVII). Lentos animales pesados: a veces/ dejan pasar a alguien, corriendo, a veces/ se superponen, centímetro por centímetro,/ braman, rezongan, buscando ventaja. A veces/ se sueltan como por encanto y fluyen/ igual que las hojas en la superficie del agua,/ a veces se atascan. El mundo entero se atasca, a veces,/ el mundo entero a veces brama, enredado en sí. (En la resaca)

10 diciembre 2006


Cuando la palabra “genio” está proscripta de cualquier vocabulario respetable, y hasta sorprenderse pensando en que podría existir algo así como "el genio” lo lleva a uno a autocriticarse, a ver si, lejos de la bendición de los administradores de Duchamp y Puig, cae en el descrédito o el bochorno. Y cuando el lugar que antes ocupaba el genio (Tarkovski o Cezanne, digamos, o Faulkner, o Van Gogh o Fritz Lang, o Monk) lo ocupa el extravagante, aunque no se resguarde en ese rótulo sino en el de freak o el que para el caso convenga a su negocio o al de los que hacen negocio con él. Síntomas de una época en que la única alternativa estaría en resistir, o quedarse en casa leyendo antiguallas y haciendo apuntes para nada.


Dios del todo te deje, para que te encuentres,/ poeta, hermano, caído, semejante./ Y encarne en sangre real/ tu desencarnada y desesperada necesidad de amor,/ única verdad de tus apocalípticas/ predicaciones de profeta perdido. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)

09 diciembre 2006


Sentimos horror por todo lo que carece de composición, lo que es heteróclito, accidental, y tratamos –aun materialmente– de limitarnos, de ponernos un marco, de insistir en una definida presencia. Estamos convencidos de que una gran revelación puede brotar solamente de la obstinada insistencia sobre una misma dificultad. Nada tenemos en común con los viajeros, los experimentadores, los aventureros. Sabemos que la más segura y rápida manera de asombrarnos es clavar la mirada –imperturbables– siempre en el mismo objeto. Un buen día nos parecerá –milagrosamente– que a este objeto nunca lo habíamos visto antes. (Pavese, Diálogos con Leucó)

08 diciembre 2006


Destilar tu lentísima perla,/ engendrar un aro nuevo en tu viva madera, año por año,/ añejar tu vino, después de acodo, riego,/ cosecha y doloroso lagar,/ y secreto oscuro en honda y fresca sombra y serena clausura,/ ése es tu asunto./ Llegar a seca caridad no complaciente ni conmiserativa/ sino eficaz, y olvidadiza, como de otro,/ escuchar al transparente Mozart/ una vez cada tanta tentación al júbilo estridente/ o a la lamentación furiosa;/ eso te pido, no te incito, te ruego./ Y no porque de ti se cuente la ardua hazaña mañana,/ sino para que feliz cumplas/ con ser aquello que tu índole marcaba,/ haciendo don de ti a tu don/ y haciendo de tu cantante don/ no solamente obra conclusa,/ sino creadora de tu ser interminable,/ de cuyo escaso gramo de oro cierto,/ un verso breve,/ misterioso fragmento por mutilado hermoso y recordado,/ se salvará de tanto vano diario,/ diligente verso puesto al día,/ y tanta noticiosa y rugidora oda. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)

07 diciembre 2006


El crudo tiempo, la muerte acechante, la vida pisoteada, el desarraigo y el dolor fueron perdiendo su cualidad "literaria" y así las palabras, sin abandonar, creo, la tendencia irremisible a la belleza, se cargaron del horror de un mundo muy diferente del que me había forjado con lo que tuve en los queridos libros iniciales. Y el amor inspirador se facetó o mejor, quedó residiendo en los vidrios rotos acerca de los cuales, una vez, contemplando una ventana, había escrito, sin saber entonces, qué peso cobraría muy poco después ese "pedacito de vidrio" faltante. (Susana Cella)

06 diciembre 2006


En 1947, luego de Hiroshima, Daniel Halévy nos ubicaba deliberadamente en la perspectiva de una aceleración de la historia. Casi sesenta años más tarde, nos encontramos esta vez en la perspectiva dromológica, la de una repentina aceleración de la realidad en la que nuestros descubrimientos tecnológicos se nos vuelven en contra y en la que ciertos espíritus delirantes intentan provocar el accidente de lo real a cualquier precio; ese choque frontal que volvería indiscernibles verdad y realidad mentirosas o, en otras palabras, que pondría en práctica el arsenal completo de la desrealización./ (…) Desde el 11 de septiembre de 2001 entramos en el túnel de una militarización de la información, puesto que la Infowar lleva hasta el absurdo esa "logística de la percepción" que, con la adquisición de objetivos militares, favorecía ayer la victoria sobre el enemigo./ Hoy, la ambición es desmesurada porque se trata de romper el espejo de lo real para hacer perder a cada uno (aliados o adversarios) la percepción de lo verdadero y de lo falso, de lo justo y de lo injusto, de lo real y de lo virtual; confusión fatal tanto del lenguaje como de las imágenes que culmina en el levantamiento de esa flamante Torre de Babel, pensada para llevar a cabo la revancha estadounidense por el derrumbamiento del World Trade Center./ A modo de confirmación de ese delirio iconoclasta, indiquemos que la Infowar, de la que fuimos víctimas, ha conducido al ejército estadounidense a permitir que se llevara a cabo, bajo nuestros ojos y sin defensa, la ruina del museo arqueológico y de la biblioteca de Bagdad, un desastre que recuerda al saqueo del Palacio de Verano perpetrado en China por los europeos y contra el cual se levantó mismo Víctor Hugo./ Así, luego del saqueo de la memoria mesopotámica y de los tesoros de Sumeria, esta "guerra de la información" se afirmaba por aquello que es: un conflicto contra la Historia, una tentativa de destrucción de los orígenes./ Guerra preventiva, no tanto contra tal o cual tirano, sino contra esa memoria "inmemorial" que no pasa, o no pasa tan rápido, para el gusto de aquellos que pretenden no el futuro, como antaño con el "radiante porvenir del totalitarismo", sino el presente, ese eterno presente de la ubicuidad y de la instantaneidad del tiempo real de las telecomunicaciones. (Paul Virilio, Ciudad pánico)

05 diciembre 2006


No prediques, cantor,/ no montes publicitaria maquinaria de eficaces y litigantes odios,/ sé cantor y canta, sé ante todo,/ y tu voz fundará invisible orden primero,/ y luego el peso inerte de la imperfecta tierra/ será de enérgica luz aligerado. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)


No porque las moscas disfruten con la mierda o las cucarachas con la basura, la mierda y la basura me tienen que gustar a mí. Cada uno con sus gustos, con sus intereses y sus necesidades. No porque me guste leer a escritores que se toman treinta páginas para describir cómo fuma un hombre, esa literatura tiene que gustar a las moscas, a las cucarachas o a quien sea. Los que hacen negocio abasteciendo a quienes pagan para sentirse políticamente incorrectos por un rato tienen derecho a defender su falta de interés en los despliegues que la lengua y el pensamiento pueden llevar a cabo, a lo largo de páginas y páginas, en torno de un acto que suponemos conocido, como para ponernos ante la posibilidad de que lo que sabemos que es tal vez no sea, o pueda serlo de otro modo, ahí mismo, ante nuestros ojos. Tienen seguramente buenos motivos para decir que esas experiencias de extrañeza y detenimiento les aburren: sus mecanismos de lectura se activan con otros estímulos, como seguramente los de la clientela a la que proveen de algún tipo de bienestar, que algunas veces supo también resultarme deseable. A mí, en cambio, me aburren las películas con persecuciones de coches, esas otras donde un tipo se pasa media hora colgado con tres dedos de una cornisa a 200 metros de la calle, o la ilusión de "estar más cerca de la realidad" que venden, a modo de consuelo, estupefaciente o compensación, las excursiones por la escena border.

04 diciembre 2006


(De todas formas dudo de que se pueda disociar el yo que examina del yo que se esconde, enfrentándolos como halcón y ratón; pero convengamos en posponer esta conversación para un día en que no huyamos de la policía.) J.M.Coetzee, Vida y época de Michael K

03 diciembre 2006


Sólo aquel que ama algo y alguien, aquí, ahora, ama al prójimo/ como congregación de únicos, y no como la conjugada cifra magna/ que el deshonesto canto invoca y suscita/ con efusión abstracta y espectral caridad./ Sólo aquel que se transforma en laboriosa/ o en gozosa, doliente, amante alquimia,/ es capaz de cambiar –mas no él, sino su gramo escaso/ de canción viviente– amor, gozo y dolor,/ de aquel tal vez nacido, o quizá venidero semejante. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)

02 diciembre 2006


No podría definirme como ateo, porque declararme ateo corresponde a una certidumbre que no poseo. A fin de cuentas, el universo es tan extraño que todo es posible, hasta un Dios que es uno y es tres. (Borges)

01 diciembre 2006


Hay cantores que tienen oportuno el rapto/ inevitablemente, como otros triste el vino;/ y otros que estadísticamente aman al prójimo/ en edición puntual, de oral o escrita arenga;/ quien más tiene la elocuencia, pronta y pública, de maldecir la falta/ de alegría y justicia, que vocación discreta/ por conquistar ardua alegría por lo pronto,/ y luego generosidad de su alegría/ y brazo y reflexión constantes, firmes,/ para hacer en relegadas filas anónima justicia/ con constructores, no con destructores./ Hay quien histriónica recitación vocea,/ eficaces y efímeros entusiasmo y embriaguez procuran,/ y excesiva modestia los lleva a trocar prestos/ la innominada perduración de sus canciones/ por la frágil memoria de su nombre./ Sólo aquel que se crea, puede y quiere creación,/ no manifiesto, y sólo aquel que habla consigo/ dialoga de verdad, mas quien dialoga, dialogará con muchos todos/ poco a poco, ya que hay tanto tiempo para los hombres. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)

30 noviembre 2006


Hay una raza oblicua de cantores urgidos/ por escuchar el coro que su nombre clame/ y ver su monumento con segura certeza./ No es la confianza la invisible matrona que los guarda/ desde su inquieta cuna; no prescinden, no esperan,/ y en vez de fe tienen argucias, comprobada creencia/ en mecánica y facticia causación de su hora;/ aquella que por gravitación natural del madurado canto/ debiera procurarles fruto dulce siempre,/ mas jamás tardío, porque anticipadamente goza y sabe/ quien cabal segregó su honrada perla,/ o talló su diamante en la hora del prolijo desvelo,/ y en su Horacio aprendió severa temperancia y orgullosa espera,/ que en el inevitable día un trozo de su canto/ surgirá oportuno cualquiera fuese la hora, el mes, el siglo,/ como tableta babilónica/ de cuneiformes huellas prietas como si pájaros fabuladores/ en barro caminado hubieran su Gilgamesh invicto/ también para la muerte,/ puesto que aquí resuena su enmudecido nombre/ en cuanto un hombre de pasión y paciencia/ cava olvido, para reconocerse en sus ancestros. (César Mermet, de “Reverencia a Orfeo”)

29 noviembre 2006


Snobismo y tecniquerías (III). Una de las definiciones de “snob”: “persona con pretensiones sociales, desdeñosa de los que considera inferiores y aduladora de los que tiene por superiores”. Y de “snobismo”: “admiración injustificada por todo lo que dicta la moda, particularmente en cuestiones artísticas.”

28 noviembre 2006


Todo texto literario, tal como quiero entender a esa palabra, “literario”, es un texto crítico. Respecto de la cultura, la sociedad y/o la condición humana, desde ya. Y también, claro, tácitamente, de otros textos (aunque más no sea por el hecho de darse a leer en el mismo universo en que están dados a leer esos textos, en juego con ellos, se quiera o no), lo que me parece tan obvio que no merece casi atención. Pero en lo que en realidad estaba pensando cuando escribí que un texto literario "es crítico", es en que primero que todo, y por encima de todo, es crítico de sí mismo. Supone en su nacimiento o en su razón de existir una preocupación crítica puesta en lo que el texto ofrece, sea en la elección de las palabras y los procedimientos o en las cuestiones puestas en juego. Que el autor tome nota o no de que lleva a cabo operaciones críticas es accesorio, lo que cuenta es que lo haga. Y que lo haga no quiere decir que ande desvelándose por mostrar que lo hace, fuera del texto o, peor, en el texto mismo: fulbito para la tribuna, coartada de impotentes y/o tilingos. Aunque no cuando esa mostración es también crítica, realmente crítica, no obediente a algún edicto de los canonizadores de turno o los instituidores de gusto: disconforme, inconforme, sabedora de que no hay respuesta que alcance.

27 noviembre 2006


Tecniquerías”. En general, con el sentido que le daba Borges al término en “La supersticiosa ética del lector”: “La condición indigente de nuestras letras, su incapacidad de atraer, han producido una superstición del estilo, una distraída lectura de atenciones parciales. Los que adolecen de esa superstición entienden por estilo no la eficacia o la ineficacia de una página, sino las habilidades aparentes del escritor: sus comparaciones, su acústica, los episodios de su puntuación y de su sintaxis. Son indiferentes a la propia convicción o propia emoción: buscan tecniquerías (la palabra es de Miguel de Unamuno) que les informarán si lo escrito tiene el derecho o no de agradarles. (…) Subordinan la emoción a la ética, a una etiqueta indiscutida más bien.”

26 noviembre 2006


En el segundo libro de La democracia en América (1840), Tocqueville fue uno de los primeros en diagnosticar estos síntomas. Su tesis es que los Estados Unidos representan tan sólo la anticipación de una forma de vida destinada a propagarse por todo el planeta, el espejo en el que Europa puede contemplar ya su futuro. El nuevo régimen de las pasiones y de los deseos Tocqueville lo vincula a una permanente insatisfacción, que trata de aplacarse mediante la compra obsesiva de bienes materiales. Este no hace con ello sino seguir ese afán adquisitivo que –desde Platón en adelante– fue condenado a menudo como típico de la parte más baja del alma y de las capas más despreciables de la sociedad. (...)
En la joven democracia norteamericana la persecución imparable de la igualdad se suma (...) a la emulación y al rechazo de las distinciones de grado, a la carrera por el éxito y a la hipertrofia de la fiebre de consumo, pasión que corre el riesgo de ahogar cualquier otra. Sólo que, lejos de conducir a la felicidad, esa ansia exclusiva aparece en Tocqueville teñida de una sutil melancolía: en su honesto materialismo, los norteamericanos pensarían más en los bienes que aún no poseen y en la brevedad del tiempo para disfrutar de ellos que en un goce real.
Con la esperanza de llegar a aplacar esta extraña inquietud y de garantizar mejor la consecución de la felicidad, confiarían por tanto en un despotismo suave que (al precio de la manipulación de los deseos y del mantenimiento de los ciudadanos en un estado de minoridad política perpetua) permitiría situarse a todos en un universo social en el que cada uno cree estar –como el sol– en el centro de un sistema tolemaico pluralista: Veo una multitud innumerable de hombres iguales y semejantes, que no hacen sino girar sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres, con los que llenan su alma. Cada uno de ellos, apartado de los demás, vive como extraño al destino ajeno, y sus hijos y amigos constituyen para él toda la raza humana; en cuanto al resto de sus conciudadanos, aunque vive a su lado no los ve; los toca pero no los siente; no existe más que él y para él.
Políticamente atormentados entre dos pasiones contrapuestas, atrapados entre la necesidad de ser iguales y el deseo de permanecer libres, los norteamericanos no consiguen decidirse, en definitiva, ni por la dependencia ni por el autodominio. El aislamiento recíproco se resuelve en una sustancial parálisis de la voluntad y –nuevamente– en tibieza emotiva, en tanto que la incierta satisfacción de la necesidad de seguridad se logra al precio de una sustancial apatía y de la renuncia a la autonomía de pensamiento: por encima de éstas se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga por sí solo de asegurarles el disfrute de sus bienes y de velar por su suerte. Absoluto, minucioso, sistemático, previsor y benigno, se asemejaría a la autoridad paterna si, como ésta, tuviese por fin preparar a los seres humanos para la edad de hombre; pero, por el contrario, no persigue sino retenerlos irrevocablemente en la infancia; se muestra contento de que los ciudadanos se diviertan, con tal de que no piensen sino en divertirse. Se esfuerza gustosamente por asegurar su felicidad, pero pretende ser su único agente y su único arbitro; les proporciona seguridad, prevé y garantiza sus necesidades, facilita sus placeres, guía sus principales negocios, dirige su industria, regula sus sucesiones, reparte sus herencias; ¿por qué no habría de ahorrarles el fastidio de pensar y el esfuerzo de vivir?»
(Remo Bodei, Una geometría de las pasiones)

25 noviembre 2006


Qué pasa cuando se prueba cómo sería estar en el mundo sin esperar respuestas, sin tener que defenderse ni que imponer nada. No es que se pueda, lo que se puede es tratar. Qué se abre cuando uno persiste en el intento un tiempo suficiente como para empezar a ver con cierta amable distancia lo que hasta entonces le importaba, y le seguirá importando seguramente.

24 noviembre 2006


Qué es lo que se empieza a oir cuando uno deja de escuchar las voces que vive escuchando, tal vez sin darse cuenta, como si de esa dependencia estuviera constituido el mundo.

23 noviembre 2006


Nula entra en ella explorando, como con una sonda sensible y vibrátil, la selva oscura de sus vísceras, atravesando el silencio laborioso de los órganos que sostienen, con su disciplina exacta y continua, a causa de algún designio inexplicable, las formas atrayentes que, durante un cierto tiempo, antes de disgregarse en la negrura para cederles el paso a las nuevas que pugnan por salir, espejean, fugitivas, en la luz del día. (Saer, La grande)

22 noviembre 2006


En tiempos en que la experiencia ha sido erradicada del horizonte de cuestiones atendibles, se explica que la poesía ya no sea pensada como experiencia –algo que se vive, algo que le mueve algo a uno, que desata en uno sentidos y hasta quizá deje alguna marca– sino como “fenómeno a estudiar” desde, por ejemplo, la sociología, la antropología, la lingüística o la historia. No está nada mal que la sociología, la lingüística, la antropología o la historia se ocupen de la poesía o de cualquier otra cosa: lo que convendría revisar es lo que ocurre cuando los datos que esas indagaciones aportan se toman como indicios de valor poético y se empieza entonces a escribir y leer para cumplir con "la realidad", porque de verdad se cree que eso es leer y escribir o por temor a quedar como el que se puso en la playa el modelo de short que se usaba el verano pasado. No es una regla general, pero la gran poesía suele escribirse por fuera de lo que se supone que manda hacer literariamente “la época”: Macedonio, Ortiz, Giannuzzi, Lamborghini (Leónidas), Mermet, Zelarayán, Bustriazo, Escudero, por nombrar sólo casos argentinos.

21 noviembre 2006


La «destrucción creativa» es el modo de proceder de la vida líquida, pero lo que ese concepto silenciosamente pasa por alto y minimiza es que lo que esta creación destruye son otras formas de vida y, con ello, indirectamente, a los seres humanos que las practican. La vida en la vida moderna líquida es una versión siniestra de un juego de las sillas que se juega en serio. Y el premio real que hay en juego en esta carrera es el ser rescatados (temporalmente) de la exclusión que nos relegaría a las filas de los destruidos y el rehuir que se nos catalogue como desechos. (Zygmunt Bauman, Vida líquida)

20 noviembre 2006


Mejor perder que ganar, a veces. No estoy pensando en victorias pírricas: digo que no siempre quien se alegra de verse derrotado lo hace a la manera de la zorra, que dice "estaban verdes" de las uvas que no alcanza. Hablo de darse por vencido o retirarse al descubrir que ya la elección del campo y las armas implicaban perder más que ganar en lo que a uno de verdad le importa, aun cuando se gane. O cuando seguir en la batalla lo lleva a uno a convertirse en cierta clase de persona que no quiere ser; o queda a la vista que lo que realmente está en juego no es lo que uno creía, es otra cosa. No necesariamente menos atractiva, y muy probablemente más, como suelen ser atractivas esas trampas en las que uno se mete para quedarse enredado y en el trajín olvidarse de lo que, más árido y opaco, le venía reclamando un compromiso fuerte o de verdad riesgoso y/o un trabajo duro, ciertamente menos agradable que los efectos de la adrenalina entre el ir y venir de la refriega.
Pero, otras veces, no: otras veces, uno nomás perdió porque no fue capaz, por algún motivo, de ganar. Y bueno, qué se le va a hacer: tomar nota, sacar alguna enseñanza si fuera posible y bancársela. No va a ser la primera ni la última vez, aunque quién sabe.

19 noviembre 2006


La vida en una sociedad moderna líquida no puede detenerse. Hay que modernizarse –léase: desprenderse, día sí, día también, de atributos que ya han rebasado su fecha de caducidad y desguazar (o despojarse de) las identidades actualmente ensambladas (o de las que estamos revestidos)– o morir. Azuzada por el terror a la caducidad, la vida en una sociedad moderna líquida ya no necesita –para salir impulsada hacia delante– del tirón que ejercían aquellas maravillas imaginadas que nos aguardaban en el final lejano de los esfuerzos modernizadores. Lo que se necesita ahora es correr con todas las fuerzas para mantenernos en el mismo lugar, pero alejados del cubo de la basura al que los del furgón de cola están condenados. (Zygmunt Bauman, Vida líquida)

18 noviembre 2006


Es un hecho bien conocido que el botón de “Cerrar la puerta” en muchos ascensores es un placebo sin utilidad, dispuesto en el lugar sólo para darle a los individuos la impresión de que participan de algún modo, contribuyendo a la rapidez de la jornada del ascensor –cuando apretamos ese botón, la puerta se cierra exactamente al mismo tiempo que cuando apretamos el botón que indica el piso sin “apurar” el proceso por el hecho de apretar también el botón de “cierre la puerta”. Este caso extremo de falsa participación es una apropiada metáfora de la participación de los individuos en nuestro proceso político “postmoderno”... Por supuesto, la respuesta postmoderna a esto sería que el antagonismo radical emerge sólo a medida que la sociedad es aun percibida como totalidad –¿no fue acaso Adorno quien dijera que contradicción es diferencia bajo el aspecto de identidad? De modo que la idea es que con la era postmoderna, el retroceso de la identidad de la sociedad involucra simultáneamente el retroceso del antagonismo que parte en dos el cuerpo social –aquello que recibimos a cambio de esto es el Uno de la indiferencia como el medio neutral en el cual la multitud (de estilos de vida, etc.) coexiste. La respuesta de la teoría materialista a esto es demostrar cómo este verdadero Uno, este territorio en común en el que múltiples identidades florecen, reposa de hecho en determinadas exclusiones, y está sostenido por un invisible quiebre antagónico.
(…)
Desde esta perspectiva, incluso la defensa neoconservadora de los valores tradicionales se ve bajo una nueva luz: como la reacción contra la desaparición de la normatividad ética y legal, la cual es reemplazada gradualmente por regulaciones pragmáticas que coordinan los intereses particulares de distintos grupos. (…) Uno está tentado de poner en uso aquí el viejo término levistraussiano de “eficiencia simbólica”: la apariencia de egaliberté es una ficción simbólica que posee una eficiencia propia concreta –uno debería resistir la adecuada tentación cínica de reducirla a una mera ilusión que permita una actualidad distinta. (…)
Hoy en día, cada vez más, el aparato cultural económico mismo, para reproducirse en las condiciones de competitividad del mercado, no sólo precisa tolerar, sino directamente incitar efectos y productos de choque cada vez más fuertes. Baste recordar recientes tendencias en las artes visuales: ya pasaron los días en los que teníamos sencillas estatuas o cuadros enmarcados –lo que tenemos ahora son exposiciones de marcos mismos sin pinturas, exposiciones de vacas muertas y sus excrementos, videos del interior del cuerpo humano (gastroscopías y colonoscopías), inclusión de olores en la exposición, etc. Nuevamente aquí , como en el dominio de la sexualidad, la perversión ya no es subversiva: los excesos chocantes son parte del sistema mismo, el sistema se alimenta de ellos para reproducirse a sí mismo. (…)
¿Qué sucede si el “honesto” héroe del reciente film de Lynch [Una historia simple] es efectivamente más subversivo que los excéntricos personajes que poblaban sus películas anteriores? ¿Qué si en nuestro mundo postmoderno en el cual el compromiso ético radical es percibido como ridículamente fuera de tiempo, él es el verdadero marginal? Uno debería recordar aquí la vieja anotación de G.K. Chesterton en su A defense of Detective Stories, sobre que el relato de detectives “recuerda previamente en cierto modo que la civilización misma es el más sensacional de los comienzos y la más romántica de las rebeliones. Cuando el detective en un policial se queda solo y de algún modo tontamente valeroso entre los cuchillos y los puños de un hueco de rateros, sin duda sirve para recordarnos que es el agente de la justicia social aquel que representa la figura original y poética, mientras que los ladrones y salteadores son meros, plácidos y arcaicos conservadores, felices en la inmemorial respetabilidad de simios y lobos. [La novela policial] se basa en el hecho de que la moralidad es la más oscura y atrevida de las conspiraciones.” (Slavoj Žižek, Bienvenidos al desierto de lo real)


17 noviembre 2006


En una sociedad moderna líquida, la industria de eliminación de residuos pasa a ocupar los puestos de mando de la economía de la vida líquida. La supervivencia de dicha sociedad y el bienestar de sus miembros dependen de la rapidez con la que los productos quedan relegados a meros desperdicios y de la velocidad y la eficiencia con la que éstos se eliminan. En esa sociedad, nada puede declararse exento de la norma universal de la «desechabilidad» y nada puede permitirse perdurar más de lo debido. La perseverancia, la pegajosidad y la viscosidad de las cosas (tanto de las animadas como de las inanimadas) constituyen el más siniestro y letal de los peligros, y son fuente de los miedos más aterradores y blanco de los más violentos ataques. (Zygmunt Bauman, Vida líquida)

13 noviembre 2006


Snobismo y tecniquerías. Dos conceptos en desuso que me gustaría reponer para cuando se habla de literatura. No para pensar la literatura (nada tienen que ver con la literatura, como no sea en el sentido institucional del término) sino para ver en qué se sostienen o a qué apuntan muchos de los discursos que entornan la producción literaria y median no tanto en su recepción –aunque también– como en su circulación y en la pugna en torno de cuáles obras, cuáles autores y cuáles criterios recibirán el sello de “atendible” o “autorizado”.

11 noviembre 2006


No confundas la noche con tu noche, la bruma/ con tu bruma./ Bebe tu soledad, camina/ por las altas cornisas donde la angustia llueve/ a veces./ Piénsate vencido./ Noche y bruma, así, sin adjetivo, son otras./ Otros cuerpos habitan sus dominios, no/ tu noche: ella jamás podrá dejar sus ruinas/ en el jardín ajeno, en el corazón algo turbio de los otros./ No confundas la noche que vives con la noche./ Es tuya solamente: antigua propiedad que odias a veces. (Manuel Rico, gracias Norberto Trinchieri)

10 noviembre 2006


En realidad, son dos desconocidos, y a pesar de la habilidad con que son capaces de intercambiar las frases que el otro juzgará adecuadas, exactas, inteligentes, etcétera, lo que podrían llegar a saber cuando la opacidad respectiva que los atrae mutuamente se disipe, los inquieta un poco. Quizás esa aprensión les venga, como ocurre con frecuencia, de no haber comprendido todavía que el enigma atrayente que creen percibir en el otro viene de que lo asocian sin saberlo a algo que quisieran volver a poseer porque, desde hace mucho tiempo, lo han extraviado en algún pliegue ya inaccesible de sí mismos. (Saer, La grande)

09 noviembre 2006


Harto de que las cosas se presenten “como son”, harto de no engañarme. La vida tiende a volverse insoportable, al menos si los principales intereses de uno están puestos en el pensamiento y la literatura.

06 noviembre 2006


Cielo increíblemente azul y viento. Los cuerpos y las superficies brillan, como si despidieran una luz dorada, se agitan las ramas del fresno. ¿La vida sigue? No sé. O sí sé: sigue, justamente ese es el problema.

05 noviembre 2006


Lo poco que Nulla sabe de él lo vuelve sin duda enigmático, pero con cierta ironía se dice que después de todo hasta de aquello que nos es familiar sabemos poco, por la simple razón de que nos hemos resignado a olvidarnos de su parte misteriosa. Cuantitativamente, se dice, pero sin que una sola palabra coopere con su pensamiento, sé tan poco de él como de mí mismo. (Juan José Saer, La grande)

03 noviembre 2006


En “Edad de Oro para intelectuales” (Página 12 de ayer), escribe Noé Jitrik que percibe entre los intelectuales argentinos una nostalgia de una Edad de Oro “en que el pensamiento y la acción estaban casados ante Dios y la ley”. Inventamos una Edad de Oro para llorar su pérdida, dice, y si bien considera indiscutible que “el intelectual tiene responsabilades frente al malestar social”, también piensa que ese apego quizá adictivo al llanto o la rabieta se respalda en un malentendido, una oposición falsa, que Jitrik desarma haciendo notar que el pensamiento y la contemplación constituyen “un modo de la acción” y recordando que la idea de acción es equivalente a la de poiesis, y ambas suponen un “hacer”. Está bien, estoy de acuerdo, pero no basta: hay un aspecto importante, quizá central, de la instatisfacción que Jitrik llama no sin razón "nostalgia" que en su conclusión sigue quedando soslayado. Voy a intentar plantearlo: aunque destinada a la no resolución, la nostalgia de un encuentro más o menos armonioso entre el pensamiento y la acción, de una transmutación del pensamiento en acción, es constitutiva del trabajo intelectual. Y no a pesar de que esa nostalgia nunca se resuelve, sino porque nunca se resuelve. Como el deseo, diría, sin estar nada seguro de no estar metiendo mal las patas en los dominios de Lacan y Freud. No hay verdadero trabajo intelectual sin el apremio, aun tenue o inadvertido, de la evidencia de una falta, en los dos sentidos del término “falta”: se quiere cambiar el estado de cosas, se necesita incidir, dejar una marca, y aunque no se pueda, y aunque muchas veces se lo sepa, ningún intelectual se pondría a pensar o crear si no fantasara con que algo en la especie humana o en una comunidad va a dejar de ser como era, algo va a precipitarse, a partir de esa intervención, así sea secreta o solitaria. ¿Ningún intelectual? Bueno, habría que ver a qué es lo que uno está intentando aludir cuando acepta en su vocabulario esa percudida fórmula, “el intelectual”.

29 octubre 2006


el peonacho y el trompa de la rima,/ el que apiló palabras a destajo,/ el que en la viola fue bordona y prima// y al fin de su jornada de trabajo,/ siente que el mundo se le viene encima/ y canta a un mundo que se viene abajo. (Daniel Giribaldi)

26 octubre 2006


Ahora, acostumbrarse a la presencia de una ausencia evidente de puro increíble: Nicolás Rosa. Quisiera ser creyente para pensar que en alguna parte él se entera de que estoy escribiendo o pensando esto. De algún modo -ahora, mientras lo escribo, me doy cuenta- lo soy.

22 octubre 2006


El problema con las obras o los autores muy promocionados es la dificultad de distinguir hasta qué punto uno está leyendo de verdad esa obra y hasta qué punto lo que lee son los efectos que dejó en uno la promoción, a favor o en contra.

18 octubre 2006


No puede estar sin púas que la puncen quien está en lo alto […] Cualquiera eminencia, ya sea de dignidad, ya sea de nobleza, ya de riqueza, ya de hermosura, ya de ciencia padece esta pensión; pero la que con más rigor la experimenta es la del entendimiento: lo primero porque es el más indefenso, pues la riqueza y el poder castigan a quien se les atreve; y el entendimiento no, pues mientras es mayor, es más modesto y sufrido, y se defiende menos. (Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta a sor Filotea, 1691).

14 octubre 2006


Un soñador de lámpara comprenderá instantáneamente que las imágenes de pequeña luz constituyen vigilias íntimas. Sus resplandores se hacen invisibles cuando el pensamiento trabaja, cuando la conciencia está bien clara. Pero cuando el pensamiento reposa, las imágenes velan. (Bachelard, La llama de una vela)

10 octubre 2006

09 octubre 2006


No vivimos o no deberíamos vivir en el tiempo. Sino en un filo de navaja, en un borde, en un cruce, en una intersección del tiempo y la eternidad. Eso es lo que siempre supo el poeta, que amó en lo único su unicidad y su universalidad, su singularidad y su esencia total, participante de todo. Y la condición temporal, limitada, efímera y a la vez la inexplicable eternidad de seres y cosas, que se revela con cierta mirada. Y es con la condición de que sepamos mirar de esa manera que la moral se cumple, que la caridad tiene lugar, que el poema nace, que la vida es justa, que la comunicación existe, que el arte es verdadero, que la creatura se salva…” (César Mermet, 1965)

07 octubre 2006


Nada está vivo si su estar no incluye el desequilibrio, la incompletud, la carencia, el desajuste, la falla. Nada está vivo si no lo acecha, en todos los horizontes sobre los que su perfil se recorta, la muerte.

05 octubre 2006


Como apagar el motor en medio de una ruta desierta y bajarse, no sé, a sentir el olor del pasto, o mirar los pajaritos, o la nada. Eso, la nada.

04 octubre 2006


Noche tras noche/ busco ánimo y consuelo/ en los poemas/ de vivos y muertos// Noche tras noche/ me decepcionan sus poemas:/ poco consuelo hallo en ellos/ poco ánimo// Noche tras noche/ me ayudan sus poemas/ porque en ellos buscaron ánimo y consuelo/ como yo (Erich Fried)

02 octubre 2006


Para descalificar una reflexión mía, dice que pienso como un viejo. Supone que ser viejo es algo que lo desmerece a uno, que le quita a su palabra posibilidades de consideración seria. Y, a la vez, me insta a que finja ser lo que no soy, a hablar –y quizá a pensar– como si fuera otro. ¿Para qué? ¿Para que me escuche quién? ¿A quién le puede interesar ser escuchado por gente que pone semejantes condiciones a un discurso?

01 octubre 2006


Quien/ de un poema/ espera su salvación/ haría mejor/ en aprender/ a leer poemas// Quien/ de un poema/ no espera salvación ninguna/ haría mejor/ en aprender/ a leer poemas (Erich Fried)

30 septiembre 2006


¿Puede uno en serio aspirar a ser bien leído? Aspirar puede siempre, pero difícilmente va uno a conseguirlo, entre otras cosas porque la buena lectura no existe. Saberlo y tenerlo en cuenta, sin embargo, no implica que cualquier lectura valga. Donde hay un texto hay un sistema de límites a la omnipotencia del lector, de restricciones a sus posibilidades, de reclamos.

29 septiembre 2006


Ni contra las religiones ni contra las causas. No al menos contra las religiones y las causas per se, sino contra lo que ocurre cuando funcionan como protección o como instrumento para recubrir o compensar nuestras insuficiencias, reales o posibles, para ignorar el desamparo al que somos arrojados desde que empezamos a hacer sombra bajo el sol.

28 septiembre 2006


Cuando Borges cuenta que “al final de su vida a Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor, ni nada”, Bioy registra: “Silvina (mirando a Borges): “Hay mucha gente así…” (Cozarinsky, a propósito del Borges, de Bioy)

27 septiembre 2006


Esos que hacen de la literatura una causa, o de la poesía una religión (algo “superior” que hay que preservar y defender, algo “más importante” que justifica los actos que uno lleva a cabo en su nombre y le permite a uno sentirse particularmente digno, en el buen camino y aunque sea un poco por encima del nivel general). ¿Les importa de verdad la poesía y/o la literatura, o lo que les importa es tener una religión y/o una causa, sobre todo después de que otras religiones y/o causas mostraron que las posibilidades que ofrecen de resguardarse o sostenerse en ellas no dan para mucho más?

26 septiembre 2006


Esos que hacen de la literatura una causa, o de la poesía una religión, ¿les importa de verdad la poesía y/o la literatura, o lo que les importa es tener una causa y/o una religión?

24 septiembre 2006


Godard: Nuestra música. Floja, burguesa, superficial, aunque impresionante, su manera de entender la guerra, como si la guerra fuera eso, “la guerra”, una cuestión general y abstracta, como si fuera una causa y no un efecto o un síntoma o un medio, como si las guerras nacieran de la nada. El pensamiento de Godard pierde filo, se olvida de su vieja pretensión de remover hasta el hueso. Pero es Godard, carajo, es Godard así y todo, y después de ver un Godard la cabeza no vuelve a ser la de antes: el gran friso escéptico del desolador final de todo, y frente a él, y en él, la reafirmación de la voluntad de persistir. Básica voluntad de persistir, casi animal, pero de persistir, incluso en el uso de las palabras y el ejercicio de la interrogación, además del elemental acto irrefutable de irrumpir con el cuerpo en la escena, ese cuerpo que con simplemente avanzar por la calle dice y repite “estoy acá y estoy vivo”. No nos van a deshacer, aunque todo se deshaga, como está deshaciéndose, vamos a seguir respirando y moviéndonos, ocupando un lugar en el espacio. Y sobre todo, y lo más importante: un Godard que mira el vacío y la destrucción, nos lo pone ante los ojos, porque supone que así y todo hay cosas que tienen que importarnos, que el cine y las artes no están ni deben estar nada más que para laurearnos con un lugar bien enmarcado en el campo de “los que saben y/o entienden” o para masajearnos la autoestima con muestras de aprobación a nuestra capacidad de mantenernos por encima de la percepción y los gustos generales. Cine como estilete y como movida de piso, sí, trabajo para el espíritu. Y una estética a la que me empieza a parecer que debo más de lo que creía: la belleza de lo que existe sin permiso, de lo que habla de por sí, pero que también habla de otro modo y "dice" otras cosas al ser recortado e incluido en una serie, de una determinada manera, la lengua naciente de lo que al ser captado, recolocado y expuesto, empieza a jugar otro juego. Godard como gran recolector de trozos de sentido que dispone en un patchwork para que nos ejercitemos en el arte supremo de mirar y sentir, a la vez que el pensamiento se pregunta todo el tiempo qué hacer con eso que, sin saber qué es, se nos mueve en el alma. Y sin que realmente importe qué es: algo se estuvo moviendo, la continuidad se rompió, algo quitó las piezas del lugar que ocupaban en el tablero y un poco es como si el juego empezara de nuevo, y ya no fuera exactamente el mismo juego, y en cierto modo no lo es. ¿El paraíso? Un rincón semisalvaje, junto a las aguas agitadas de un lago, donde una mujer y un hombre comparten una fruta (¿una manzana?), custodiados o vigilados por marines yankis.

23 septiembre 2006


El arte es voluntad de forma, es necesidad de forma (incluida, claro, la literatura), pero también lo contrario: es atentado contra la forma, provocación a la necesidad de forma, su desacreditación permanente. No puede haber arte si no se da alguna irrupción de lo informe, lo imprevisible, lo inmanejable. Lo que no podemos reconocer, lo que nos sobrepasa. Pero sin vocación de forma no es arte (forma, conformación, organización, estructura, llámenlo como lo llamen): lo que no “dice” nada porque está absolutamente afuera de cualquier código no es arte. Voluntad de forma y eclosión de lo informe: arte es las dos cosas a la vez. Dos apetencias o dos fuerzas que se necesitan, no para controlarse mutuamente ni para equilibrarse o contrapesarse, sino para que algo se mueva y “respire”, para que algo pueda significar.

21 septiembre 2006


El arte no ha sido cooptado por la cultura hace “ya largo tiempo”. Lo ha sido desde siempre. El arte no tiene otra posibilidad, por lo menos si se hace público (no sabemos lo que sucede con aquellas obras de arte que el artista ha decidido no dar a la luz). Se trate del estado primitivo, del imperial, el burgués o el capitalista, siempre el poder se reapropia de los “bienes” que aumentan su poderío. Sucede que tendemos a considerar, con bastante liviandad, que el hecho es relativamente reciente y uno de los males que nos toca vivir frente a un illo tempore donde todo habría sido menos mercantil y utilitario. Sin embargo, el arte sólo puede ocurrir en el riesgo del paso más allá, fuera de todo, casi al borde de la inexistencia, aunque luego, en el juego diario, pierda parte de su imposibilidad esencial. (…) A la economía política lo que es de la economía política. al arte lo que es del arte. (Luis González Bruno)

20 septiembre 2006


Nos quedan la hora incierta, el claroscuro,/ las cosas que se escapan de sus nombres. (Tomás Aiello)

19 septiembre 2006


No es cierto que la literatura, eso que uno quiere llamar “literatura” (y que bien puede llamarse, a lo Barthes, “escritura”, o, más sencillamente, “poesía”), esté escrita para no ser leída, para perderse, para el equívoco. Mejor dicho, lo está, pero ese es un aspecto de la cuestión, no mucho más que un costado, tal vez el más inmediatamente verificable. Si por el hecho de ser literario un texto está destinado al equívoco, a la ilegibilidad, a la volatilidad, al efecto no querido, nada de eso podría ocurrir si no estuviera escrito ante todo para “alguien”. Un alguien que está más allá de los lectores particulares a los que ese texto va a llegar y de las lecturas particulares que va a recibir, más o menos convergentes o divergentes o caprichosas (quién puede saberlo). Alguien hay para quien se escribe y que sabe más que esos lectores y esas lecturas, y que el autor, y que la teoría literaria y la crítica. Llámenlo “Dios”, “la posteridad” o “el saber de la especie”, no importa el nombre que le den.

17 septiembre 2006


Nos hemos olvidado de que sólo la palabra/ Brillaba radiante sobre la tierra atribulada,/ Y que en el evangelio de San Juan/ Está escrito que el verbo es Dios./ Pero hemos circunscrito su alcance/ A los angostos límites de este mundo,/ Y como las abejas muertas en una colmena vacía/ Las palabras muertas exhalan un olor nauseabundo. (Nikolai Gumiliov)

15 septiembre 2006


Hablar de lencería no es un acto de nostalgia, como tampoco lo es referirse al hechizo del mundo para mitigar su hostilidad. El par intimidad-seducción decae, aún y cuando las condiciones que impulsaron esta manera de vivir han variado poco. Perder la intimidad y simplificar la seducción son una merma para la civilización. (Daniela Gutiérrez)

14 septiembre 2006


Levántense los bordes del vestido, señoras, porque vamos a cruzar el infierno. (W. C. Williams, prólogo a Aullido, de Ginsberg)

13 septiembre 2006


“Usted no caga flores”. Es su singular manera de decirme “pare un poco de mirar la paja en el ojo ajeno”.

12 septiembre 2006


Entre la forma de la justicia y la justicia, cuando la brecha crece hasta amenazar con algún tipo de eclosión, los adalides de la abstracción republicana siempre saben por qué optar. No es que sean formalistas, es que le temen a la imprevisibilidad oscura de lo informe, a la imprevisibilidad en general. Y a lo informe, claro. O, más bien a lo que no tiene una forma fácil de reconocer (¿de dominar?).

11 septiembre 2006


No esperes que te entiendan, no esperes entender al que no te entiende, ni al que te entiende, ni a nadie. No es necesario, no al menos para seguir viviendo y haciendo lo que haya que hacer.


10 septiembre 2006


Ni el pan de la razón ni el pan de la locura/ ni el pensamiento sólido ni el pensamiento líquido/ saben tanto del hombre como el cráneo nublado/ por el aburrimiento./ (…) El vidente que guarda la muerte en sus pupilas,/ todo lo ve más claro bajo el aburrimiento./ Por eso ve detrás de los rostros la nada,/ como si fuera un adivino.// Si los huesos terminan en trigo o en carbón,/ el pensamiento en cambio se nutre del hastío./ La carrera es difícil. Corramos hasta el fin/ para saber qué pasa. (Gonzalo Rojas)


09 septiembre 2006


Guerra a las estrategias discursivas que recurren a la sucia contaminación metonímica para imponer algo. Si A está cerca de B, y B cerca de C, A, B y C son lo mismo. Si X tiene algo que ver con Z, corresponde considerarlo igual que a Z, y si Z se opone a W en algún aspecto, Z y X aparecen opuestos a W en todo. Hay un desprecio radical a la inteligencia en esa operación, un aprovechamiento de algunos de los aspectos más burdos de nuestra subjetividad. Como si no fuéramos capaces de atender a lo singular de cada fenómeno, cada persona, cada texto, a sus facetas y sus contradicciones, sin por eso ignorar sus vínculos, sus parentescos, su ubicación en una determinada estructura o en un determinado juego de intereses. Somos bien capaces, pero los fulleros del discurso hacen todo lo que pueden para evitarlo, para que nos conformemos con asociaciones inmediatas, fútiles, fáciles de manipular como los perros de Pavlov.

08 septiembre 2006


“Como en un barco en medio de la tormenta”, le dije. No hay calma alguna y es inútil esperarla, es tonto: esta es la situación. Consecuencias de haber al fin zarpado, de no quedarse uno en la costa mirando cómo se van achicando los cascos a lo lejos y soñando con arrecifes, huracanes, playas de arena blanca, repentinos saltos de peces voladores a la luz morada del anochecer.


Durante un largo tiempo, el campo del arte estaba minado de dificultades y de oposiciones a las novedades. En el contexto liberal actual, la creación artística representa exactamente lo contrario: todo debe ser nuevo, sexual, pornográfico… El imperio ya no censura nada. Creo que esta posición finalmente es contraproducente con la creación misma. La creación es también la creación de un nuevo estilo y de nuevas reglas pero no es pura libertad, porque la libertad absoluta es nada de hecho. Las nuevas formas son siempre también la posibilidad de hacer algo. Estoy de acuerdo en este punto con Lacan. Hay una conexión entre lo real de un lado, y lo imposible del otro. Si todo es posible, no hay un arte real. Esto es un riesgo para la forma del arte de hoy. Tenemos que decir que en nuestros experimentos creativos debemos crear nuevas formas, lo que significa nuevos reales artísticos, nuevas imposibilidades. La regla que grita que todo es posible y que somos completamente libres es finalmente la destrucción del arte mismo. (Badiou)

07 septiembre 2006


Estrategias para posicionarse. Ninguna palabra sin cálculo. Me agota, me desalienta.

06 septiembre 2006


Acá, en este paisaje/ donde todo fue escrito,/ ¿qué hace igual señas? ¿Qué murmura? ¿Qué al aire/ desguarnecido del comienzo, o del fin? No hay,/ dijo el guardián antes de disparar, un por qué, y es verdad./ Igual que pétalos en una oscura rama, hay rostros/ que el tiempo arrastra, como arrastra las hojas/ desprendidas del plátano. ¿El eterno ciclo? Sí,/ pero no para vos, no en este ahora ni acá. (En la resaca)


Agua salobre, ni dulce ni salada,/ más bien salada y dulce./ Es lo que pasa cuando los ríos/ de la guerra y la paz/ confluyen en una única charca,/ en una única estancación de vida/ infestada de muerte,/ en una efervescencia de muerte/ contaminada de vida. (Valerio Magrelli)

05 septiembre 2006


Nuestro lenguaje, fabricado para la acción bajamente utilitaria, empapado de egoísmo y de lógica, es poco apropiado para traducir lo real. Por eso el misticismo se reduce a una experimentación interna, de seguro la única positiva, pero casi siempre inefable. Además, si bien la totalidad de los hombres están en contacto material con lo que les rodea, son muy raros los que estuvieron, siquiera un instante, consigo mismos. Nos ignoramos; el universo nos ha sido inútil. (Barret)

04 septiembre 2006


Tal como viene usándose, la palabra “utopía” cumple ante todo la función de un mantra para estar bien con uno mismo (solazarse en la contemplación de la propia belleza de alma) y de paso desentenderse del sufrimiento concreto de aquellos a cuyo hambre concreto y a cuyas urgentes necesidades concretas no los resuelven ni alivian los grandes principios ni los ideales de redención, por más necesarios y admirables que puedan ser.

03 septiembre 2006


Lo que tenemos de más animal, lo que, malestar de la cultura mediante, debimos someter a la ley (a la palabra, al pensamiento): la necesidad de dominar al otro, o la aversión hacia lo desconocido, o, y especialmente, el miedo. Una política que apela a los componentes más animales de nuestra subjetividad es una política fascista. Si suena arbitrario o desmesurado ese nombre, “fascista”, qué nombre le corresponde, o, en todo caso, tenga el nombre que tenga esa política, no queda otra que desarticularla, mostrar cómo funciona, hacer lo que se pueda para no empantanarnos en el orden impiadoso de la naturaleza.

02 septiembre 2006


Digo, frente al sol de abril, sobre esta baldosa calcinada, sin mujer, sin caricia circundante, hepáticamente embotado, sonriendo por tradición, sin pasajes, sin ganas, con sangre, con pulso irregular: caramba, caramba. (Urondo)

01 septiembre 2006


No es lo difícil comunicar con Marte, sino con el prójimo. Queda la palabra, las pobres palabras manoseadas por todos los siglos, prostituidas a todos los usos, las palabras apagadas y marchitas, las que cualquiera comprende y no son de nadie. Sirven para las almas parches, que porque retumban se figuran que existen. Existir es un secreto. Pensar es amordazarse. (Rafael Barret)

31 agosto 2006


Ahora que fuimos expulsados,/ gracias a Dios, del Paraíso,/ se largó a llover/ un agua débil que se alarga/ en redes de grisura y música. (Lo espeso real)

30 agosto 2006


Caído, acá, abajo y al ras, como quien llegó a un lugar y lo reconoce, y le hace bien. ¿El lugar de la mayor sabiduría? De alguna sabiduría, el lugar donde inesperadamente las cosas se revelan. ¿Cómo se revelan? Como cosas.

29 agosto 2006


La caída. No vista como un castigo, no siempre, sino como una bendición, o casi, un ¿acceso?, una oportunidad en todo caso. ¿Nunca aprenderá uno de verdad a caer, a haber caído? No sé.

28 agosto 2006


“Los intelectuales tienen que ceder los pensamientos, pero no la máquina de pensar” (Bleichmar) Sí, pero no sólo los intelectuales.

27 agosto 2006


Mayo (xx). Y algo en el viento, ¿cenizas? No, un/ resonar de la noche/ contra la luz, las paredes de luz/ de la luz. O sí, cenizas, sí, cenizas, cenizas. (En la resaca)

26 agosto 2006


No sé si he visto en el viento cenizas/ pero he visto mucho:/ en vidrios rotos, reflejos de sol/ y el duro oleaje/ de las consonantes/ en la escansión de la palabra "crepúsculo". (Lo espeso real)

25 agosto 2006


Diremos que buscamos una casa/ (ése sería el único indicio), miraremos a hurtadillas/ la visión que buscamos y seguiremos/ como extraños que ignoraron,/ su camino hacia otra parte,/ y que no saben por qué, en este siglo/ no pueden detenerse. (Stephen Dunn)

23 agosto 2006


Mirar todo desde el penúltimo escalón, como Tomatis en Lo imborrable. Hay un modelo: Beckett (por añadidura, un participante de la resistencia antinazi).

21 agosto 2006


No hay modo de hacer la paz, si no es con el enemigo. (Horowicz)


“Estoy sentado al borde de la carretera,/ y el conductor cambia la rueda./ No me gusta el lugar de donde vengo./ No me gusta el lugar a donde voy./ ¿Por qué miro entonces el cambio de rueda/ con impaciencia?” (Brecht)

20 agosto 2006


¿No será eso, tal vez, la poesía? Eso que se produce al aceptar cosas -frases, imágenes, objetos, palabras- que no sabemos bien qué son o qué hacen ahí, por el solo hecho de que algo al parecer son. Recibirlas con respeto por el solo hecho de que alguna racha del destino las puso ahí, y algo significan, no importa establecer qué ni para qué: están, configuran o proponen algo, merecen que se las atienda. Algo siente uno que pasa con ellas, y con sentir eso basta.


Koktebel, de Boris Khlebnikov y Alexei Popogrebsky. El cine como arte del escamoteo, de la omisión. La experiencia de mirar cine como un arte del dejar que sea. La sensación permanente, y que termina por volverse agradable, de no saber, de reconocer que no se sabe y tal vez nunca se sepa. Enfrentarse al hecho de no saber bien qué está ocurriendo en ese rectángulo donde las personas o las cosas se mueven o permanecen quietas en una ajenidad inaccesible, o qué es eso que ve (que bien podría ser, y a veces efectivamente es, otra cosa): uno entra de verdad en la propuesta, en lo mejor que tiene para ofrecer la propuesta, en el momento en que acepta no saber. En el momento en que, simplemente, acepta. Y uno descubre entonces que entre ver y saber qué se ve no hay una relación necesaria, que se puede ver aunque no se sepa (y hasta quizá ver mejor), y que saber no es una condición para habitar bien el mundo. La libertad o disponibilidad que da descubrir que no hace falta saber. Por lo menos no siempre, no tanto como solemos creer.

19 agosto 2006


No hay nazismo sin miedo. Difícilmente un nazismo encuentre arraigo en las almas si no le prepara el terreno algún tipo de inseguridad básica: “vos podés ser la siguiente víctima”.

18 agosto 2006


Y algo que tiembla, algo que/ no sabe qué hacer,/ la sombra/ de la rama del fresno en/la pared. (En la resaca)

17 agosto 2006


Entre todos los infortunados hay una criatura notable por su desgracia. Se trata de quien ha perdido su derecho a la expresión, quien ha cultivado entonaciones artificiosas, quien ha enseñado muecas a su rostro, como un mono domesticado y ha distorsionado o arruinado en todos los aspectos su manera de comunicarse con los otros hombres. El cuerpo es una casa con muchas ventanas; todos nos sentamos junto a ellas mostrándonos y gritando a los transeúntes que entren y nos amen. Pero este amigo ha puesto en sus ventanas un vidrio opaco, elegantemente coloreado. Su casa puede ser admirada por su diseño, la multitud puede pararse ante la puerta de cristal, pero mientras tanto el desdichado propietario debe estar consumiéndose adentro sin consuelo, irremediablemente solo. (Stevenson)

16 agosto 2006


Están los homos y los héteros, están las mujeres y los hombres, están los buenos y los malos, los del primer mundo y los del tercero, los explotadores y los explotados. Y, entre tantas maneras de repartir a la especie humana en dos franjas, también está la que la divide entre quienes prefieren los gatos a los perros y quienes preferieren los perros a los gatos. Los del bando de los perros somos hipócritas, violentos, sensibleros, gregarios, impacientes, fieles, inmaduros, autoritarios, torpes, plebeyos, inoportunos, incapaces de ver en la oscuridad, de caer bien parados y de mirar el mundo desde la impasible superioridad de un dios egipcio.

14 agosto 2006


Viento húmedo, nubes bajas, trozos de cielo pálido.


Señas, señas, señas. Señas apenas, nada más que eso, señas, sin nada detrás ni adelante, o muy poco.

12 agosto 2006


La verdad es que, cuando los libros se conciben con gran empeño, con un espíritu de un poder multiplicado, calentado y electrificado nueve veces por el esfuerzo, nuestro ser participa de una comprensión tan amplia que, aunque el propósito principal sea trivial o basto, no puede dejar de expesarse con cierta verdad y belleza. De la fuerza proviene cierta dulzura, pero algo enfermizo realizado pobremente sigue siendo enfermizo del principio al fin. Por lo tanto, no puede haber estímulos para escritores resignados, de contextura débil. Deben tomar a conciencia su actividad o si no avergonzarse de practicarla. (Stevenson)

10 agosto 2006


La piedad de sí lleva a atolondrarse/ por si detrás de sí/ florece algo más que la piedad,/ esa vieja roñosa alquilada para subsistir/ en medio de la lucha interminable del más allá y el más acá/ que se pelean como perro y gato. (Ricardo Zelarayán)


Insultos, grititos, desplantes, actings, imposibilidad de contenerse cuando ataca la insoportable levedad del no ser.

09 agosto 2006


Como moscardones zumbones sobre la fruta, como lauchitas en la cocina. Pero lo que los empuja a entrometerse y molestar no es falta de alimento sino de existencia visible: la posibilidad de que no se les preste atención les aterra, entonces chillan, insultan, provocan, patalean, no dejan ver u oir otra cosa que su propia vacua desesperación, cargan de fastidio y banalidad todo.

08 agosto 2006


Hay un contraste sorprendente entre la representación ilimitada del poderío y el vacío cada vez más evidente de su contenido. Una vez desencadenada la destrucción de Irak –como Estado, como país, como pueblo–, es útil preguntar: ¿en nombre de qué? (…) Sí, ¿en nombre de qué? ¿Qué proponen al mundo los EE.UU.? Su incapacidad para crear nuevos valores o para trasvalorar los antiguos (como habría dicho Nietzsche) es patente. El Bien de Bush designa el vacío violento del conservadurismo. (…) Tal es el desastre en curso de lo ilimitado: es como el falso infinito, del que sólo existe la envoltura de poder./ El poderío como vacío de la Idea: ése es el principio de los estragos por venir./ ¿Cuál será, de aquí en más, la principal tarea del pensamiento y de la acción? Digamos que consiste en producir una separación respecto del poder ilimitado. (Alain Badiou)

06 agosto 2006


La posmodernidad, recuerdan, fue aquel tiempo en el que se descubrió que no había que creer en las palabras, todas eran huecas, con todas se podía ironizar, todas eran falsas y llenas de dobles sentidos y absurdas. La posmodernidad ha muerto aunque nos enseñó algo útil: las palabras por sí solas no significan. Las palabras sólo significan en acto. Se pedirán acciones. Se querrá ver cuáles son las acciones de quien usa las palabras. (Nuris)


Son las 2:40 am en Beirut y todavía hay electricidad./ Los buitres merodean por encima de nosotros./ Voy a tratar de dormir./ Buenas noches./ Más dibujos, palabras y bombas mañana. (Mazen Kerbaj)

05 agosto 2006


Volver a empezar. No es para tanto. Te ayudaré. Recoge los granos de maíz. Los cantos rodados. Las cartas, aquel pañuelo rojo, la hoja del diario atrasado donde se ofrece un empleo, un poco de arena o de tierra, la cuenta del hotel y la maleta desfondada. Te has quedado mucho tiempo de pie, sin tocar el timbre. Eso es todo. (Bayley)

04 agosto 2006


Todo discurso nazi ve ante sí a un “ellos” que, si no se lo aniquila, va a arrasar con "nosotros", porque está en sus genes o en su condición. Todo discurso nazi dibuja un “otro” en el que pone su propia incapacidad de escuchar y considerar. El “enemigo otro” que dibujan los nazismos es siempre esencial: su razón de estar en el mundo es ser “nuestro enemigo” antes que nada y por encima de todo.

01 agosto 2006