05 febrero 2014


Una nueva actitud autorreflexiva, de reconocimiento de lo real sin más, para operar desde ahí nuevas movilizaciones y conceptos, no precisa ya –hay que decirlo– de la autojustificación permanente, del discurso sin fisuras, del a priori de la explicación complaciente. Hay que dejar que las razones propias sean porosas a la espesa e indócil realidad, sin proferir una jerga ya armada. Ante eso, es preferible una palabra que aunque puede estar descentrada, busque la autenticidad del momento quebradizo que se está viviendo. Todos sabemos lo que alivia la expresión “reconocimiento”, si la entendemos más profundamente. Saber ver la hendidura. Prepararse para ello. Hacer de las nociones efectivas sobre la gravedad del momento, un motivo de recreación cultural, de crítica y de reagrupamiento de los grandes legados de la vida popular, genuinos, democráticos, con sus momentos colectivos reformulando a la altura de los tiempos la leyenda nacional. (Horacio González)