18 agosto 2009


Hoy la civilización es perfectamente compatible con el caos, con la ausencia de límite. A diferencia de antaño, ya no hay necesidad de un todo concordante, y ni siquiera se sueña con esa armonía; las multiplicidades inconsistentes pueblan el mundo. En la última parte de su enseñanza, Lacan vaticinó la crisis de los significantes amos y le dio nombre a un nuevo reino: el del no-todo. […] Laurent ubica un doble movimiento ante esa civilización dispersada: el empuje al todo y el empuje a la inconsistencia. Así arriba a la interesante idea acerca del paganismo contemporáneo, como aquel que busca la prueba de la existencia de Dios en la sobredosis. Tal exceso no se evidencia solo en la toxicomanía de las drogas duras: el sujeto puede matarse trabajando, elegir deportes peligrosos, viajes extraños, presentar una apetencia compulsiva por el riesgo, puede también optar por el suicidio colectivo, hacerse bomba humana, rodearse de dinamita, erigiendo así, en esa bacanal de la muerte, la figura de un Dios al que se le replica: “¿Por qué nos has abandonado?”. (Silvia Ons)