13 abril 2013


¿Pensar es diferenciar? Diferenciar es, en todo caso, para mí, la base. No quieran llevarme a empaquetar la variedad de lo que veo, a que no aprecie –y hasta, a veces, disfrute− lo singular, los modos concretos en que las cosas se dan, con sus matices, sus contradicciones, lo que, ya por el hecho de existir, las cosas tienen de irreductible (y las personas, y las situaciones). Puedo conjeturar o establecer lazos, coincidencias, recurrencias, elementos en común, semejanzas, parentescos, afinidades, pertenencias, convergencias, y hasta complicidades incluso, sin por eso tenderme en la comodidad del “son lo mismo”, en la del “ya lo ví”, en la del “qué puede esperar uno de eso”.